Mostaza


Mostaza tiene cáncer. Tiene un tumor en el bazo y un bultito extraño en su pancita, ya cerca de la ingle. Según algunos estudios, por ahora no se ha extendido a otros lugares, aunque podría pasar. Tampoco podemos tener certeza de qué tipo de masas son exactamente porque saberlo requeriría de cirugías para extraerlas y analizarlas, y eso es imposible en un perro en su estado. 

Y es que Mostaza es muy viejita y su condición general es vulnerable. Como nos encontramos en la calle hace 2 años y 8 meses, no es posible saber con exactitud ni su edad ni cómo fue su vida anterior. Sin embargo, por sus características generales y el estado en el que la encontré, podemos suponer algunas cosas: que por entonces tenía unos 11 años (ahora tiene unos 14) y que no tuvo una vida de mucha atención y cuidados, pero también que probablemente conoció el amor, porque es cariñosa, confiada, tierna, buena como el pan y muy amorosa. 

Mostaza es la perrita más buena que he conocido. Es más, es de las personas más buenas que me he encontrado. En casa decimos que es “un pan de dios”. Es compartida, cariñosa, amigable, muy paciente y protectora de su manada. Cuando se encuentra a perros vecinos y a algunos perros en las calles, ladra. Pero no es por agresión, sino por protección. Aunque no nos gusta la bravuconería, comprendemos que Mostaza piensa que ha de ganarse la estancia en nuestra manada protegiéndola. O que por ser la más grande de tamaño, es su deber cuidar de las otras. O que por al fin tener una familia amorosa, debe protegerla con su vida para no perderla. Por eso aceptamos su comportamiento, e incluso hemos aprendido a reconocerlo como parte de su voluntad de vivir, de su impulso de vida. 

A pesar de su labor de cuidado, Mostaza también tiene amigos. Algunos perros le caen muy bien y los aprecia. Cuando los ve, dependiendo de qué tan bien o mal se sienta, los saluda y los huele o hasta juega un poco con ellos. Es selectiva, sí, porque no todos los perros le caen bien, pero a aquellos con los que hace amistad los recuerda y se alegra al encontrarlos. 

Para tener un panorama más amplio de su situación y decidir con más conocimiento y conciencia el mejor camino a seguir, pedimos que le hicieran estudios preoperatorios y de otro tipo. Según dos cirujanos, a pesar de sus múltiples achaques, Mostaza es candidata a cirugía, cuya recuperación, dicen, no es tan complicada. Según su veterinaria y yo, lo mejor sería no someterla a operación alguna. Incluso el I Ching, ese bueno y viejo consejero, lo confirmó y nos conminó a aceptar el deterioro natural y el paso del tiempo. 

Y es que a Mostaza todo le cuesta más trabajo. Cuando pescó un bicho del sistema digestivo, se puso muy mal. Aunque nos lo contagió a perritas y humanos por igual, nadie más tuvo síntoma alguno, mientras que ella no pudo ni levantarse por días a causa del malestar y la debilidad. Por eso ahora, cuando lame algo asqueroso, prefiero correr a la farmacia veterinaria por desparasitantes específicos para todas. En este caso, como en tantos otros, más vale prevenir que lamentar. Y cuando vamos a hacerle estudios veterinarios o, por alguna razón, debe salir más veces en el día, se cansa tanto, tanto que le toma dos o tres días recuperarse del agotamiento y volver a ser ella misma, con su enorme voluntad de hacer lo que le gusta (comer, salir, jugar), a pesar de que sea difícil y le cueste cada vez más trabajo. 

Con frecuencia Mostaza me recuerda a mi madre. Como ella, ama la vida, ama vivir. Como ella, quiere hacerlo hasta el final, hasta que llegue la muerte y no haya de otra. 

No toda la gente es así. A muchas personas les pesa mucho la vida; otras vivimos nomás porque ya estamos aquí, vivitas y coleando, pero no por deseo o amor a lo vital; algunas, en cambio, deciden no vivir, o al menos dejar de hacerlo poco a poco. 

Mostaza, al contrario, ama vivir. Por eso decidimos dejarla seguir viviendo hasta que la vida le sea tan, pero tan pesada que lo más cercano a vivir sea dejar de hacerlo. Por eso decidimos que lo mejor para ella es recibir tratamientos paliativos y monitorear el crecimiento de sus tumores para prevenir, en la medida de lo posible, muertes dolorosas. 

Prevenir, digo. En la medida de lo posible, reitero. Porque la vida es incierta y, por mucho que se deseé algo, la mayoría de las veces ocurren otras cosas. 

Cuando mi papá estuvo hospitalizado, deseé que se fuera con la luna nueva. Es más, hasta dibujé a la luna que vendría por él. Sin embargo, no ocurrió. Aunque esa noche se puso mal, su hermano autorizó que lo intubaran, así que todavía sufrió algunos días más. 

Cuando mi mamá estaba enferma, deseé una y otra vez durante meses que muriera tranquila, idealmente mientras dormía, sin darse cuenta y sin sentir dolor. Pero no ocurrió. En cambio, murió por no poder respirar, sintiendo la falta de aire y la angustia que provoca. Y lo único que pudimos hacer fue acompañarla mientras perdía el aire, la conciencia y la vida. 

A pesar de eso, de la incertidumbre y el azar, deseo que Mostaza tenga una muerte linda, acompañada de su manada amorosa y libre de sufrimiento y dolor. Deseo también que, en lo que eso ocurre, tenga una vida hermosa. Una sólo puedo desearla y hacer lo que esté en mis manos para conseguirla. Para lograr la otra tengo que esforzarme cada día, un día por vez, para hacerla posible. 

Comentarios

  1. No sé si mi primer come tario logró publicarse. Es sobre la simpatía y alegría de vivir muy a pesar de su difícil condición.
    Es una hermosa perrita y además muy afortunada de haber encontrado a esa familia, la que uds.han formado . Estoy de acuerdo con la decisión de acompañarla hasta el límite de sus fuerzas. Habemos seres vivos que deseamos vivir , y seguir experimentando , respirando, y si nuestros sentidos y nos lo permiten , pues adelante .

    ResponderEliminar

Publicar un comentario